ALARMANTE FALTA DE PROFESIONALIDAD Y DE EDUCACIÓN POR PARTE DE LA VIGILANTE DEL EXAMEN DE C1 CAMBRIDGE (ARANTZA MOSCOSO, A.M. EN ADELANTE), EL SÁBADO 9 DE MAYO DE 2026.
- REALIZACIÓN DEL EXAMEN EN UNA MESA TIPO PLAYA.
- SIN PIZARRA AL ALCANCE DE LA VISTA DE TODOS
- SIN RELOJ EN EL AULA
Experiencia vivida:
Una vez iniciado el examen, comenzaron a llegar de forma continua mensajes al teléfono móvil de A.M. durante prácticamente toda la duración de la prueba. El problema no era únicamente el uso del móvil en sí, sino que este permanecía en modo vibración, generando constantes sonidos y vibraciones perfectamente perceptibles por todos los alumnos, lo cual supuso un importante factor de desconcentración durante un examen de máxima exigencia.
Cuando finalizamos el primer examen, durante el breve descanso previo al segundo, varios alumnos comentamos en el pasillo la problemática generada por los sonidos del móvil. Todos coincidíamos en que había supuesto una molestia considerable y un claro elemento de desconcentración.
Al ser el único adulto entre los alumnos, decidí acercarme educadamente a A.M. para preguntarle si, de cara al siguiente examen, podría desactivar la vibración del teléfono. La respuesta que recibí, acompañada de gestos faciales difíciles de describir, fue completamente impropia del trato esperado por parte de una vigilante de examen: “¿Qué les molesta mi móvil? Más molesta su tos y yo no digo nada”.
Ante una contestación de ese tipo, me quedé completamente sorprendido y sin palabras.
Ya en el segundo examen, tras las explicaciones iniciales, me surgió una duda relacionada con la firma del examen. Nuevamente, la respuesta vino acompañada de gestos y expresiones que transmitían claramente molestia ante las preguntas de los alumnos.
Sin embargo, lo peor estaba aún por llegar. Aproximadamente diez minutos después de comenzar el segundo examen, A.M. decidió encender el aire acondicionado. En otras circunstancias, esto podría haber sido un gesto positivo, pero el aparato emitía un ruido extremadamente fuerte y constante, hasta el punto de dificultar seriamente la concentración.
Tras soportarlo durante unos minutos, pregunté educadamente si sería posible apagarlo debido al intenso ruido que generaba. Una vez más, su reacción evidenció molestia ante la petición, y procedió a preguntar alumno por alumno si preferían mantenerlo encendido o apagarlo. Resulta llamativo que, para encenderlo, no se consultara previamente a nadie.
Finalmente, todos coincidimos en que preferíamos soportar el calor antes que continuar realizando el examen con semejante nivel de ruido. Lo más grave de esta situación es que todo este proceso ocurrió una vez iniciado el examen y con el tiempo ya en marcha, provocando una pérdida de tiempo y concentración absolutamente innecesaria.
Además, el aire acondicionado fue encendido por decisión unilateral, sin consultar previamente a los alumnos y sin haberlo activado antes del inicio del examen, que habría sido el momento lógico para evitar interrupciones y molestias durante la prueba.