Mi experiencia con este despacho ha sido muy decepcionante, tanto a nivel profesional como humano.
Acudí a ellos por un caso relacionado con esclerosis múltiple y, sinceramente, confié más de la cuenta porque me habían dicho que uno de los abogados, padece la misma enfermedad. Pensé que eso implicaría empatía y un trato especialmente cuidadoso. Al principio Alfredo tuvo atención, pero pronto empezaron los problemas.
Desde errores básicos como mi nombre y mi DNI mal escritos en la documentación oficial, hasta situaciones incómodas en las que, durante llamadas telefónicas, me llamaba por otro nombre (Fabriany / Fabricio). Puedo entender que no es un nombre común, pero en un procedimiento legal este tipo de fallos no deberían ocurrir.
Posteriormente, se me asignó a otra abogada, Verónica, para llevar el juicio. A partir de ahí, la gestión fue un auténtico desastre.
No se puso en contacto conmigo, no sabía cuándo era el juicio ni cómo se iba a proceder, y pasaban las semanas sin ninguna información. Tuve que volver a contactar con Alfredo para tener noticia de algo y calmar la incertidumbre total en la que me encontraba.
Cuando finalmente hablé con él, me dijo que ya había salido la fecha. Le dejé muy claras mis condiciones sobre lo que estaba dispuesto a aceptar del demandado y que no iba a bajar de ahí. Sin embargo, cuando por fin me llamó Verónica, me comunicó que ya se había llegado a un acuerdo que:
• era muy inferior a lo que yo había pedido
• incluía dinero que yo había exigido expresamente que no se mirara, porque ya me había sido entregado con anterioridad
Cuando le expuse mi desacuerdo, su respuesta fue que lo que yo pedía “era demasiado para el demandado por ser autónomo” y que ella también es autónoma y tenía cosas que pagar fue su respuesta para que yo empatizara con el susodicho. Me quedé completamente desconcertado.
En ese momento me pregunté si esta persona estaba ahí para defender mis intereses o los suyos propios y la otra parte.
Le reiteré que mis condiciones eran X€ sin contar lo ya recibido, y su respuesta fue que no podía hacer eso porque “quedaba mal”, ya que ella ya había cerrado una cifra sin mi consentimiento. al final tuve que pedir X y acceder a que el dinero que me habían dado antes entrara en esa cifra, en resumidas cuentas perdiendo yo.
Para rematar la situación, tras hacer la transferencia del 10 % de honorarios, se me comunica que también debo hacerme cargo del IVA, algo que no se explicó con claridad desde el principio.
En definitiva, siento que puse mi confianza en un despacho más preocupado por el dinero fácil que por el daño psicológico, personal y de imagen que puede sufrir un cliente, especialmente cuando se trata de una enfermedad tan dura como la esclerosis múltiple.
No recomendaría este despacho a alguien que busque acompañamiento real, defensa firme y sensibilidad humana.