Salvador es un enorme psicólogo y un brillante profesional. Tiene claramente una gran vocación por su trabajo y se involucra desde el minuto uno. Además, es una excelente persona.
He sentido con él que tenía ante todo a una persona que sinceramente buscaba ayudarme, que sentía un genuino interés por mí, que, en definitiva, estaba dispuesto a hacer todo lo posible en terapia, haciendo
uso de su dilatada experiencia y su profunda comprensión del ser humano, para mejorar mi bienestar y hacerme crecer personalmente.
He sentido su cariño, su paciencia, su dedicación, su empatía, su humanidad, su arropo, su absoluta comprensión y aceptación, su cercanía y su humildad… En él se une rigurosidad científica, inteligencia, sensibilidad y corazón, lo que ha hecho que la alianza terapéutica sea muy especial y enriquecedora.
Me ha ayudado a conocerme mejor, a aceptarme, a regular mis emociones, a cuestionar ideas que tenía asentadas y no me hacían bien, a modificar conductas disfuncionales, a ver las cosas de una forma más sencilla, más limpia, más agradable, a ver este misterio que es la vida con otros ojos, con menos juicio, con menos distorsiones, con menos dolor innecesario, y con más curiosidad, amor y aceptación.
En definitiva, he visto en mí una clara y profunda evolución, y él ha sido una parte imprescindible de este proceso, continuo proceso que nunca acaba, pues el conocerse uno mismo es la tarea más ardua y gratificante de todas, y qué mejor que llevarla a cabo con alguien de la talla profesional y humana de Salvador.
¡Infinitas gracias!